Kurt Weill

VIGO DESDE MI MUNDOVenga usted al cabaret y entrará en un lugar completamente diferente al que haya estado antes. Es un lugar donde la magia existe, donde las personas no son lo que parecen, donde todos se disfraza, tanto los espectadores como los actores, cantantes, bailarines, bailarines y hasta el que vende las entradas.

Cuando usted entra en un cabaret entra en un lugar en el que se van a contar muchas historias, en el que ustedes dejará de ser usted mismo y será parte esencial del espectáculo. Se reirán, aplaudirán, llorarán y sentirán que son parte de esa historia que les cuentan, del elenco y entrará en armonía con los demás espectadores.

El cabaret de verdad es un espectáculo y, al mismo tiempo, es la representación teatral, musical y, “¿exagerada?”, de la propia vida. Y dentro de este género existen maestros, existen grandes compositores que han hecho auténticas obras de arte y, en muchas ocasiones, en momentos muy complicados y muy difíciles, incluso para su propia vida.

Ejemplo de ello es este compositor: Kurt Weil. Seguramente para muchos de los que leen este post puede ser un nombre desconocido. Sin embargo, cuando navegamos entre sus composiciones, entre sus creaciones musicales, comprobamos que muchos de sus temas han sido adaptados por algún cantante o grupo que ha llegado hasta nuestros oídos de manera muy importante.

Y si digo que hay compositores, artistas que han creado en momentos difíciles es porque este, en particular, tuvo que escapar de su patria, de su país de origen, Alemania, durante la Segunda Guerra Mundial, únicamente por ser judío. 50 años vivió nada más, sin embargo, en ese tiempo fue capaz de crear algunas de las composiciones más importantes que ha dado el género del cabaret, sobre todo el Cabaret Berlinés.

Su vida se acorta entre los años 1900 y 1950. Antes de tener que escapar, era un compositor importantísimo del cabaret berlinés, creando música para dramaturgos tan importantes como Bertolt Brecht. Cuando marchó a Estados Unidos compuso para importantes musicales. No sabemos si murió de pena, aunque lo que sí conocemos es que el corazón del fallo el 3 de abril de 1950.

Cuando uno escucha sus composiciones se transporta a ese ambiente berlinés de fiesta, excesos, cabaret y también al del teatro de Bertolt Brecht y, utilizando la imaginación, también se traslada a esos ambientes que podríamos considerar “depravados” de esos años 30 y 40 y a sus musicales. Cuando te acercas a Kurt Weil, te acercas al teatro, a la música, a la vida.

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