Stevie Wonder

AlmendroLa luz se apaga y todo queda a oscuras, es entonces que ya no importa quiénes somos tú y yo, no importa de qué color es tu piel, tus ojos o si tu pelo me recuerda al color de la luz de la luna, el trigo moviéndose al son del viento o al tono de la piedra de la pizarra. Únicamente somos dos personas.

Y como somos dos personas que estamos la una frente a la otra sin vernos, con mi pecho en tu espalda o tu pecho sobre el mío, sintiéndonos piel con piel, probando tus besos que me gustan, oliendo tu pelo, cada centímetro de tu cuerpo, de nuestro sexo, olvidamos uno de nuestros sentidos para concentrarnos en otros que, en ocasiones, son más importantes.

Y te escucho, escucho cómo ríes, como te quedes callada, como me hablas y susurras al oído, sintiendo los sonidos de tus labios que van recorriendo mi cuerpo y tú escuchas también los míos. Y la luz sigue apagada, pero no importa porque, a oscuras también hay una realidad. Por eso sé que eres real, tú eres presente y no importa si no te veo porque te siento, porque escuchamos cómo gemimos y nos amamos.

De la misma forma que no necesito ver para amarte, toda esa riqueza, sin que haya colores por el medio, sin necesidad de ver tu cuerpo, de ver la realidad que nos pueda rodear, la música la podemos sentir de la misma forma porque es algo que se nota en cada poro de la piel, que penetra en los oídos y que, incluso sin ellos, podemos sentirla.

Por eso hay músicos como Stevie Wonder que, sin tener vista desde su nacimiento, sin haber visto un solo tono de color en su vida, salvo el negro, salvo la oscuridad, son capaces de recorrer instrumentos, de plasmar sobre papel e interpretar su manera de entender la vida, sus sentimientos, su vida y todo aquello que les inspira, en partituras, en melodías, en canciones que vibran en nosotros, nos hacen mover el cuerpo, nos enseñan lo universal que es la música, que lo que parece imposible puede realizarse.

Para mí la música es como estar con alguien a oscuras. No importa quién sea, sino lo que es capaz de crear y para ello no necesitamos ver. Es en esos momentos en los que tengo presente que la oscuridad puede ser sinónimo de luz, de brillo, de magia, de música y de vida.

¿Acaso no es preciosa la música?

© La Mirilla Curiosa

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