Historia de un Hit Volumen XII – José Luis Perales

— Oiga, jefe. Que me he encontrado unos discos en un mercadillo. Era un lote de esos de vinilo de cien por un euro, pero me parece que los voy a tirar a la basura, que sale un tipo muy raro.

— ¿A ver?

— Seguro que ni pajolera idea de quién es. Es que es muy raro.

— Chaval, tienes razón. Un pringao. Anda, acércate que, por una vez, te has ganado un abrazo.

No tenía que haberlo hecho. En cuanto lo tuvo a la distancia óptima, la colleja se escucho en Estocolmo y su cabeza, junto con su cuerpo, consiguió hacer una giro de  720º sin moverse del sitio. Lo más espectacular de todo es que el joven no supo por dónde le vino la mano ni si era la izquierda o la derecha. Es lo que tiene ser un maestro ninja de la música, que nunca sabes por dónde te puede caer.

— ¡Ostia, que colleja!

— Chaval, esa boca.

— ¡Que casi me desgracia!

— Casi, tú lo has dicho, pero sigues vivo y con el cuello intacto.

— Pero, ¿por qué me ha dado?

— Por manchar el nombre de la música en vano y, sobre todo, por querer tirar los discos de uno de los artistas más importantes de la historia de la música española y que continúa en activo.

— ¿Quién? ¿Este? ¿Pero le ha visto la pinta?

— Pero vamos a ver, chaval. ¿Cuántas veces te he dicho que una cosa es la portada y otra lo que hay grabado en los surcos de un disco de vinilo? Es que no hago carrera contigo. Parece mentira que lleves conmigo tanto tiempo. No sé, creo que es mejor que me rinda.

— No, jefe. No lo haga. Es que ya sabe que mi cultura musical es…, digamos… corta.

— Digamos que es una mierda y ya está. Si no fuera porque pones empeño y escuchas lo que te aconsejo. No se, no se.

— Vamos, jefe. Sabe que puedo conseguirlo.

— Está bien. Abre tus orejotas, ignorante musical.

— Bueno, bueno…

— Chaval, silencio. Hoy nueva lección: José Luis Perales. Este compositor y cantante, nacido en Castejón, Cuenca, es uno de los referentes musicales españoles. Para tu información, en un principio se dedicaba a componer para otros artistas, que buscaban sus temas como agua de mayo por su calidad, profundidad y porque era capaz de captar el sentimiento del artista a quien iba dirigido el tema. La suerte que hemos tenido es que uno de los productores con los que trabajo, Rafael Trabuchelli, fue un pesado y le comió la cabeza, día sí y día también:

— Que sí, que tu escribes unas canciones geniales, que eres muy bueno componiendo, que todo dios va detrás de ti para que les compongas un tema…, bla, bla, bla. Pero, ¿sabes qué pasa? Que yo creo que tú puedes cantar tus temas.

— ¿Yo?

— Sí, tú.

— Yo es que no lo veo.

— Tú no te preocupes. Te ponemos camisa larga, pantalón de pinzas, melena al viento y mirada al frente, a la gente y sin miedo. Contado las historias que escribes, como si tuvieras delante a la persona, con ese toque que tienes sólo tú y esos gestos con la mano que llegan, de verdad que llegan.

— No lo veo claro.

— Yo, sí y eso es mucho.

— Y se lanzaron a grabar… y mira dónde ha llegado, aunque tu no te enteres de nada.

— Pues ahora me ha entrado el gusanillo de saber más de este tipo.

—Cuidado, más respeto con Don José Luis Perales.

— Vale, vale.

— Así que a estudiar. En este caso, escuchar.

— Vale, jefe.

— ¡Ah! Y ponlos por los altavoces, que hoy estoy un poco moñas y necesito un poco de su música.

— Muy bien, jefe.

Abrazos musicales.

 

© La Mirilla Curiosa

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